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Los vampiros son criaturas sobrenaturales que presentan piel pálida, colmillos afilados y pequeñas garras.

Características Editar

Los vampiros son seres con una gran intolerancia a la luz solar. Debido a esto, suelen cazar de noche, usualmente acompañados, pero también los hay que van por libre.

Se alimentan de sangre, tanto humana como animal, aunque es la primera la que más estimula su organismo. La falta de sangre, comenzará a provocarles sed, pudiendo llegar a acabar con su vida. En este momento, comienzan las sudoraciones, agobios, y la necesidad urgente. Sus instintos asesinos se despiertan y les es difícil distinguir amigo de enemigo. No obstante, son capaces de controlar muy bien esta sed, durante los primeros días (algunos incluso semanas).

Presentan un aumento de la fuerza notable, y algunos pueden llegar a ser bastante ágiles. Por otro lado, los hay, aunque en menor medida, aquellos que mantienen unas características más propias de un humano.

Los vampiros crean unos lazos profundos y duraderos con sus "hijos".

No se sabe cuánto daño les provocarán las balas, pero es certero que la decapitación y la perforación del corazón acaba con ellos.

Entre los vampiros, existen algunos "tradicionales" que mantienen la regla del "permiso de entrada" (un vampiro sólo puede entrar a un sitio cuando es invitado. Después de que se le conceda, es libre de entrar y salir a placer). Es algo inútil, pues los hogares en sí han desaparecido, por lo que la mayoría no respeta esto.

Físico Editar

En su mayoría, presentan una tez extremadamente pálida, casi cadavérica, junto a la aparición de colmillos y garras. No obstante, pueden ocultarlos (no la tez), pasando perfectamente por humanos.

Sus ojos pueden variar en color, forma y tamaño, pero a diferencia de los humanos, estos presentan una gama cromática más amplia, llegando a tener ojos rojos, amarillos, e incluso completamente negros. Se sabe de algún vampiro que ha llegado a cambiar no sólo su iris, sino también su esclerótica. Sin embargo, todos, cuando presentan signos de deshidratación debido a la falta de sangre, muestran unos ojos sanguinolientos.

Origen y transformación Editar

Un vampiro no puede reproducirse. Por tanto, la única manera de conseguir descendencia es transformando a un humano.

Según la tradición, después de una mordida de un vampiro, la víctima comenzará a mostrar signos de cansancio, perdida de la noción del espacio y el tiempo y despistes continuos en sus primeras fases. Es notable la imposibilidad de las víctimas de contar lo sucedido desde este periodo inicial hasta el final de la trasformación.

En la segunda fase comenzarán los desmayos, debilidad en los huesos, caídas continuas. Normalmente esto hace que las víctimas acaben en cama, donde comienzan, de manera más rápida, los últimos síntomas. En muchas ocasiones, la víctima parece estar inducida en un coma. En sus ratos lúcidos, ya no distingue a quien tiene en frente, y su aspecto es prácticamente cadavérico, con claras muestras de palidez, delgadez extrema, ojos vacíos y apagados. Finalmente, la víctima muere.

El paso final, sigue en la tumba. Con una posibilidad del 40%, la víctima es capaz de revivir a los 4 o 5 días de morir. Para entonces, la ponzoña le habrá hecho recuperar su metabolismo, gracias a la sangre de la propia víctima. Esta se levantará con hiperactividad, principalmente por las ansias de sangre. Normalmente, son recibidas a su vuelta por el vampiro que las convirtió, ya que se ha formado con el transcurso de la enfermedad un lazo parecido al de padres e hijos.

Se cree, que según pasan las fases de la enfermedad, el vampiro vuelve para seguir succionando la sangre de la víctima de una manera controlada (ya que si agota su sangre, esta no podrá ser utilizada luego en el paso final).

Podría ser que los vampiros hayan encontrado una manera de acelerar el proceso, de aumentar la probabilidad de transformación o incluso que hayan descubierto un nuevo método, pues la población parece haber tenido un pico considerable.

Estrategias Editar

Historia Editar

Ramas Editar

Vampiros Editar